Archivos para la Categoría 'Nostalgias Varias'

Auto veloz

… o “Fast car”

Este fin de semana estuve tratando de ordenar la música que cargo en mi compu y estuve escuchando mucho este tema.

De pendejo no entendía nada de inglés pero me gustaba lo mismo. Cuando pude entender la letra me empezó a gustar aún mas.

Cuando recién se empezó a escuchar yo tenía 13 años… o sea, este tema ya tiene por lo menos 16 años.

Puta madre, que viejo estoy.

Fast car de Tracy Capman… Disfruten

You got a fast car
I want a ticket to anywhere
Maybe we make a deal
Maybe together we can get somewhere

Anyplace is better
Starting from zero got nothing to lose
Maybe we’ll make something
But me myself I got nothing to prove

You got a fast car
And I got a plan to get us out of here
I been working at the convenience store
Managed to save just a little bit of money
We won’t have to drive too far
Just ‘cross the border and into the city
You and I can both get jobs
And finally see what it means to be living

You see my old man’s got a problem
He live with the bottle that’s the way it is
He says his body’s too old for working
I say his body’s too young to look like his
My mama went off and left him
She wanted more from life than he could give
I said somebody’s got to take care of him
So I quit school and that’s what I did

You got a fast car
But is it fast enough so we can fly away
We gotta make a decision
We leave tonight or live and die this way

I remember we were driving
driving in your car
The speed so fast
I felt like I was drunk
City lights lay out before us
And your arm felt nice
wrapped ’round my shoulder
And I had a feeling that I belonged
And I had feeling I could be someone,
be someone, be someone

You got a fast car
And we go cruising to entertain ourselves
You still ain’t got a job
And I work in a market as a checkout girl
I know things will get better
You’ll find work and I’ll get promoted
We’ll move out of the shelter
Buy a big house and live in the suburbs

I remember we were driving…

You got a fast car
And I got a job that pays all our bills
You stay out drinking late at the bar
See more of your friends than you do of your kids
I’d always hoped for better
Thought maybe together you and me would find it
I got no plans
I ain’t going nowhere
So take your fast car and keep on driving

I remember we were driving…

You got a fast car
But is it fast enough so you can fly away
You gotta make a decision
You leave tonight or live and die this way

—————-

Auto Veloz

(Tracy Chapman)

Tu tienes un auto veloz
Yo quiero un pasaje a donde sea
Quizás podemos hacer un trato
Quizás juntos podemos llegar a algún lado.
Cualquier lugar es mejor,
Para comenzar de cero; no tengo nada que perder
quizás lleguemos a algo,
no tengo nada que probarme a mi misma.

Tu tienes un auto veloz
Y yo tengo un plan para sacarnos de aquí
estuve trabajando en el almacén
y me arreglé para ahorrar un poco de dinero
No tendremos que manejar demasiado
sólo cruzar el límite y llegar a la ciudad
ambos podemos conseguir trabajos
Y finalmente ver que significa vivir

Ya ves, mi viejo tiene un problema,
vive con la botella y así es como es.
El dice que su cuerpo es muy viejo para trabajar,
yo digo que es demasiado joven para lucir como luce.
Mi mamá se fue y lo dejo,
quería mas de la vida de lo que él podía dar.
Me dije “alguien tiene que cuidarlo”
así que dejé la escuela y es lo que hago.

Tienes un auto veloz
es lo suficientemente rápido para que volemos lejos?
Tenemos que tomar una decisión…
Partir ésta noche
o vivir y morir de ésta manera

Recuerdo que manejábamos
manejábamos tu auto
íbamos tan rápido
que me sentía ebria

Las luces de la ciudad yacían ante nosotros
y tu brazo se sentía bien
alrededor de mi hombro
y yo tenía la sensación de que pertenecía a algo
y creía que sería alguien
que sería alguien,
que sería alguien.

Tu tienes un auto veloz
y salimos de viaje para entretenernos
Todavía no tienes trabajo
y yo trabajo en el mercado como cajera
Sé que todo mejorará
Conseguirás trabajo y yo un ascenso
Nos mudaremos del refugio
Compraremos una casa grande y viviremos en los suburbios

Recuerdo que manejábamos…

Tienes un auto veloz
Y yo un trabajo que paga todas la cuentas
Te quedas bebiendo hasta tarde en el bar
y ves mas a tus amigos que a tus hijos
Siempre esperé lo mejor
Pensé que quizás juntos lo lograríamos
Pero no tengo planes
y no llegaré a ningún lado
Así que toma tu auto veloz y sigue manejando

Recuerdo que manejábamos…

Tienes un auto veloz
es lo suficientemente rápido para que vueles lejos?
Tienes que tomar una decisión…
Partir ésta noche
o vivir y morir de ésta manera

La Tortuga Gigante

Les juro que lloré… me acordé de cuando tenía.. 6, 7, 8 años y leí y releí “Cuentos de la selva” de Horacio Quiroga. Me trajo tantos recuerdos que se me cayeron las lágrimas. No sé ni siquiera por que me puse a buscarlo, pero estoy contento de haberlo encontrado.
Publico entonces “La tortuga Gigante”, pido perdón a la editorial o a quien corresponda por esto, y les aclaro que al cuento lo copié de este sitio donde también están los otros cuentos del libro. Pero sinceramente les recomiendo que compren el libro. Es uno de los mejores libros que un niño puede tener.

La Tortuga Gigante

TortugaHabía una vez un hombre que vivía en Buenos Aires, y estaba muy contento porque era un hombre sano y trabajador. Pero un día se enfermó y los médicos le dijeron que solamente yéndose al campo podría curarse. El no quería ir, porque tenía hermanos chicos a quienes daba de comer; y se enfermaba cada día más. Hasta que un amigo suyo, que era director del Zoológico, le dijo un día:

-Usted es amigo mío y es un hombre bueno y trabajador. Por eso quiero que se vaya a vivir al monte, a hacer mucho ejercicio al aire libre para curarse. Y usted tiene mucha puntería con la escopeta, cace bichos del monte para traerme los cueros, y yo le daré plata adelantada para que sus hermanitos puedan comer bien.

El hombre enfermo aceptó, y se fue a vivir al monte, lejos, más lejos que Misiones todavía. Hacía allá mucho calor, y eso le hacía bien. Vivía solo en el bosque y él mismo se cocinaba, Comía pájaros y bichos del monte, que cazaba con la escopeta, y después comía frutas. Dormía bajo los árboles y, cuando hacía mal tiempo, construía en cinco minutos una ramada con hojas de palmera, y allí pasaba sentado y fumando, muy contento en medio del bosque, que bramaba con el viento y la lluvia.

Había hecho un atado con los cueros de los animales, y lo llevaba al hombro. Había también agarrado, vivas, muchas víboras venenosas, y las llevaba dentro de un gran mate, porque allá hay mates tan grandes como una lata de querosene.

El hombre tenía otra vez buen color, estaba fuerte y tenía apetito. Precisamente un día en que tenía mucha hambre, porque hacía dos días que no cazaba nada, vio a la orilla de una gran laguna un tigre enorme que quería comer una tortuga, y la ponía parada de canto para meter dentro una pata y sacar la carne con las uñas. AI ver al hombre el tigre lanzó un rugido espantoso y se lanzó de un salto sobre él. Pero el cazador, que tenía una gran puntería, le apuntó entre los dos ojos y le rompió la cabeza. Después le sacó el cuero, tan grande que él solo podría servir de alfombra para un cuarto.

-Ahora se dijo el hombre- voy a comer tortuga, que es una carne muy rica.

Pero cuando se acercó a la tortuga, vio que estaba ya herida, y tenía la cabeza casi separada del cuello, y la cabeza colgaba casi de dos o tres hilos de carne.

A pesar del hambre que sentía, el hombre tuvo lástima de la pobre tortuga, y la llevó arrastrando con una soga hasta su ramada y le vendó la cabeza con tiras de género que sacó de su camisa, porque no teína más que una sola camisa y no tenía trapos. La había llevado arrastrando porque la tortuga era inmensa, tan alta como una silla, y pesaba como un hombre.

La tortuga quedó arrimada a un rincón, y allí pasó días y días sin moverse.

El hombre la curaba, todos los días, y después le daba golpecitos con la mano sobre el lomo.

La tortuga sanó por fin. Pero entonces fue el hombre quien se enfermó. Tuvo fiebre y le dolía todo el cuerpo.

Después no pudo levantarse más. La fiebre aumentaba siempre, y la garganta le quemaba de tanta sed. El hombre comprendió que estaba gravemente enfermo, y habló en voz alta, aunque estaba solo, porque tenía mucha fiebre.

Voy a morir -dijo el hombre- estoy solo, ya no puedo levantarme más, y no tengo quién me dé agua siquiera. Voy a morir aquí de hambre y de sed.

Y al poco rato la fiebre subió más aún, y perdió el conocimiento.

Pero la tortuga lo había oído, y entendió lo que el cazador decía. Y ella pensó entonces:

-El hombre no me comió la otra vez, aunque tenía mucha hambre, y me curó. Yo lo voy a curar a él ahora.
Fue entonces a la laguna, buscó una cáscara de tortuga chiquita, y después de limpiarla bien con arena y ceniza la llenó de agua y le dio de beber al hombre, que estaba tendido sobre su manta y se moría de sed. Se puso a buscar en seguida raíces ricas y yuyitos tiernos, que le llevó al hombre para que comiera. El hombre comía sin darse cuenta de quién le daba la comida, porque tenía delirio con la fiebre y no conocía a nadie.
Todas las mañanas la tortuga recorría el monte buscando raíces cada vez más ricas para darle al hombre, y sentía no poder subirse a los árboles para Ilevarle frutas.
El cazador comió así días y días sin saber quién le daba la comida, y un día recobró él conocimiento. Miró a todos lados, y vio que estaba solo, pues allí no había más que él y la tortuga, que era un animal. Y dijo otra en voz alta:

Estoy solo en el bosque, la fiebre va a volver de nuevo, y voy a morir aquí, porque solamente en Buenos Aires hay remedios para curarme. Pero nunca podré ir, y voy a morir aquí.

Y como él lo había dicho, la fiebre volvió esa tarde, más fuerte que antes, y perdió de nuevo el conocimiento.

Pero también esta vez la tortuga lo había oído y se dijo: -Si queda aquí en el monte se va a morir, porque no hay remedios, y tengo que llevarlo a Buenos Aires.

Dicho esto, cortó enredaderas finas y fuertes, que son como piolas, acostó con mucho cuidado al hombre encima de su lomo, y lo sujetó bien con las enredaderas para que no se cayese. Hizo muchas pruebas para acomodar bien la escopeta, los cueros y el mate con víboras, y al fin consiguió lo que quería, sin molestar al cazador, y emprendió entonces el viaje.

La tortuga, cargada así, caminó, caminó y caminó de día y de noche. Atravesó montes, campos, cruzó a nado ríos de una legua de ancho, y atravesó pantanos en que quedaba casi enterrada, siempre con el hombre moribundo encima. Después de ocho o diez horas de caminar se detenía, deshacía los nudos y acostaba al hombre con mucho cuidado en un lugar donde hubiera pasto bien seco.

Iba entonces a buscar agua y raíces tiernas, y le daba al hombre enfermo. Ella comía también, aunque estaba tan cansada que prefería dormir.

A veces tenía que caminar al sol; y como era verano, el cazador tenía tanta fiebre que deliraba y se moría de sed. Gritaba: ¡agua!, ¡agua!, a cada rato. Y cada vez la tortuga tenía que darle de beber.

Así anduvo días y días, semana tras semana. Cada vez estaban más cerca de Buenos Aires, pero también cada día la tortuga se iba debilitando, cada día tenia menos fuerza, aunque ella no se quejaba. A veces quedaba tendida, completamente sin fuerzas, y el hombre recobraba a medias el conocimiento. Y decía en voz alta:

-Voy a morir, estoy cada vez más enfermo, y sólo en Buenos Aires me podría curar. Pero voy a morir aquí, solo en el monte.

Él creía que estaba siempre en la ramada, porque no se daba cuenta de nada. La tortuga se levantaba entonces, y emprendía de nuevo el camino.

Pero llegó un día, un atardecer, en que la pobre tortuga no pudo más. Había llegado al límite de sus fuerzas, y no podía más. No había comido desde hacía una semana para llegar más pronto. No tenía más fuerza para nada.

Cuando cayó del todo la noche, vio una luz lejana en el horizonte, un resplandor que iluminaba el cielo, y no supo qué era. Se sentía cada vez más débil, cerró entonces los ojos para morir junto con el cazador, pensando con tristeza que no había podido salvar al hombre que había sido bueno con ella.

Y, sin embargo, estaba ya en Buenos Aires, y ella no lo sabía. Aquella luz que veía en el cielo era el resplandor de la ciudad, e iba a morir cuando estaba ya al fin de su heroico viaje.

Pero un ratón de la ciudad -posiblemente el ratoncito Pérez- encontró a los dos viajeros moribundos.

-¡Qué tortuga! -dijo el ratón-. Nunca he visto una tortuga tan grande. ¿Y eso que llevas en el lomo, qué es? ¿Es leña?

-No -le respondió con tristeza la tortuga-. Es un hombre.

-¿Y dónde vas con ese hombre? -añadió el curioso ratón.

-Voy… voy… quería ir a Buenos Aires -respondió la pobre tortuga en una voz tan baja que apenas se oía -.Pero vamos a morir aquí porque nunca llegaré.

-¡Ah, zonza, zonza!-dijo riendo el ratoncito-. ¡Nunca vi una tortuga mas zonza! Si ya has Ilegado a Buenos Aires! Esa luz que ves allá es Buenos Aires.

Al oír esto, la tortuga se sintió con una fuerza inmensa porque aún tenía tiempo de salvar al cazador, y emprendió la marcha.

Y cuando era de madrugada todavía, el director del Jardín Zoológico vio Llegar a una tortuga embarrada y sumamente flaca, que traía acostado en su lomo y atado con enredaderas, para que no se cayera, a un hombre que se estaba muriendo. El director reconoció a su amigo, y él mismo fue corriendo a buscar remedios, con los que el cazador se curó enseguida.

Cuando el cazador supo cómo lo había salvado la tortuga, cómo había hecho un viaje de trescientas leguas para que tomara remedios, no quiso separarse más de ella. Y como él no podía tenerla en su casa que era muy chica, el director del Zoológico se comprometió a tenerla en el Jardín, y a cuidarla como si fuera su propia hija.

Y así pasó. La tortuga, feliz y contenta con el cariño que le tienen, pasea por todo el jardín, y es la misma gran tortuga que vemos todos los días comiendo el pastito alrededor de las jaulas de los monos.

El cazador la va a ver todas las tardes y ella conoce desde lejos a su amigo, por los pasos. Pasan un par de horas juntos , y ella no quiere nunca que él se vaya sin que le dé una palmadita de cariño en el lomo.

Ya no es lo mismo…

Que brillen ahora los anillos que nunca elegimos. Que repartan las tarjetas que nunca imprimimos y que tanto te gustaban. Que ya me puse el traje negro que no me compré para esta noche.

Que suene el vals que no vamos a bailar, que no se escucha. Que me emborracho con el vino y el champagne que no me sirvieron. Que te saques el vestido en ese cuarto de hotel que no reservamos.

Que puedo seguir así por todos los años que no llegaron.

Que tengo tantos recuerdos de cosas que no pasaron.

Que ahora ya no duelen, ya no pesan.

Que hoy son sólo recuerdos.

Que hoy ya no me lastiman.

Que ahora…

Que ahora ya son pasado.

Histérico perdido

Extraño ese histeriqueo que tenía con ella…

Cada vez que nos veíamos siempre había una mirada, un gesto que se escapaba cuando no nos veían.

Alguna palabra… alguna expresión.

Siempre ese ” me gustás” que se escondía, que no se decía y que era solamente nuestro.

Una vez la besé… o me besó, nunca va a estar muy claro en mi cabeza (Supongo que al machista dentro mío le cuesta aceptar que ella me besó a mi y no al revés)

Y por un par de semanas pensé que iba a estar conmigo un poco más de tiempo. Pero fueron dos semanas nomás.

Todavía me acuerdo de su camisa celeste, del abrazo y de cómo disfruté ese beso. El primero que le dí.

Después… después todo volvió a ser como era y siempre había sido.

Y aún así lo disfrutaba. Mucho.

Y hoy…

Extraño ese histeriqueo que tenía con ella…

A la hora de tomar la leche (VII)

Acá estamos de nuevo con más intros de cartoons de cuando éramos chicos.

Se acuerdan de los Wuzzles?

Y para mi amigo Juampa que me pidió los Osos gummy (que putaso!)

 

A la hora de tomar la leche (V)

Sí, lo confieso. Confieso que veía Jem and the Holograms. Y me la banco.

Apuesto a que no son muchos los que se acuerdan de… GODZILLA!!!!

Espero que les haya gustado. Volveré por mas…

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