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Nostalgias de un tiempo pasado

Te conocí allá por el ’98.
Todavía me acuerdo el día. Un domingo… 25 de enero.
Me recibiste con un aroma a cambio. Con los brazos abiertos.
Yo por dentro sabía que nada en mí iba a ser igual después de vos. Pero nunca me imaginé qué tan diferentes iban a ser las cosas después de vos.
Al principio teníamos una relación distante. Yo solamente hacía lo mío y vos me dejabas seguir así, no me decías nada… yo todavía no te podía descubrir. Estaba muy encerrado con el estudio que era mi responsabilidad, y dejaba tus secretos relegados. Dejaba tus misterios y tus historias a un costado de la cama, junto con algún libro, junto con algún sueño.
Después… después empezó a cambiar todo. De repente empecé a ver tus ojos, tus luces, tu corazón. Después aprendí a adentrarme en todo eso que ya sabía que iba a encontrar, y en todo lo que no sabía que iba a encontrar. De repente me descubrí un niño entre tus brazos cálidos, me sentí un adolescente en tu cuerpo exuberante y me ví un hombre ante tus ojos. Y comí y bebí todo lo que pude de vos. Descuidé mis responsabilidades y aprendí a fuerza de golpes que todo, todo en la vida tiene que tener un equilibrio. Aprendí a ser agradecido.
Aprendí que siempre hay una salida cuando no tenés un peso.
Y me enseñaste que laburar y bancarse uno mismo es una de las mejores cosas a las que uno puede aspirar. Y que eso nunca te lo va a poder quitar nadie.
Gracias a vos conocí gente; mucha gente. A algunos todavía los veo, con otros hablo a veces y al resto ya les perdí el rastro. Pero todos fueron importantes. Todos me enseñaron algo. De todos ellos traté de tomar lo mejor, como lo hice con vos.
A tu lado y de tu mano me hice hombre, el hombre que soy hoy. Para bien o para mal. Y estudié y finalmente me recibí al lado tuyo y de tu mano también.
Me diste un amor que duró mucho… me diste mi primer amor. Y duró mucho y lo creí eterno, pero como la mayoría de las cosas, también tuvo que llegar a su fin.
Un día me cansé de vos… un día pensé que era mejor irme lejos y así como se dejan las cosas innecesarias, con una sonrisa, me fui de vos.
Buscando otros rumbos. Buscando un futuro mejor para mí.
Y hoy, un año y medio después de haberte dejado definitivamente… te extraño y siento nostalgia de vos y de volver a vos.
A tus brazos.
A tu cuerpo.
A pararme ante tus ojos.

Puta madre… cómo te extraño, che Córdoba.

Categorías:Uncategorized
  1. junio 28, 2008 a las 12:12 am

    Mierda, acabo de terminar de leer esto, y me vino inmediatamente a la cabeza el flash de la llegada.
    Si bien estoy viniendo desde nene acá, a Córdoba, la llegada última, ‘la definitiva’ me puso en el pecho un montón de sensaciones que me decían ‘esta es. acá vas a echar raíces y vas a vivir tu vida’.
    Si bien hoy sé que no voy a estar para siempre aquí (lo sé, lo intuyo), la llegada a Córdoba me produjo un enamoramiento instantáneo de todo: las calles; la capacidad de la gente de reirse de sí misma, la mentalidad tan de pueblo en la ciudad que otras ciudades han perdido; la ausencia absoluta del ‘no te metás’, la mano que se tiende siempre.
    Están cambiando, los tiempos; la puta que están cambiando. Pero la gente de Córdoba conserva todavía eso que la hace especial con jamón y queso.
    SOn Cordobeses. Y yo, después de 15 años, también me considero Cordobés; aunque tenga la camiseta del glorioso Gimnasia y Esgrima de Jujuy, los aires de San Pedro en los pulmones y el silencio de Tilcara en la memoria.
    Aunque sé que ‘A Jujuy siempre se vuelve’, hoy me siento Cordobés.
    Lo cual no es poco.
    Mañana? No sé.

    Muy bueno. Un abrazo.

  2. junio 28, 2008 a las 8:26 am

    Me gustó mucho!se va que te enamoraste de Córdoba!…besos.

  3. junio 28, 2008 a las 8:26 am

    “se ve “

  4. junio 28, 2008 a las 2:34 pm

    Las ciudades se aman, se odian, se extrañan, pero nunca dejan de ser parte de nuestra memoria…

    Qué se escurre entre los escombros de esta ciudad,
    que no es urgencia para el alarido de las ambulancias.
    Entre el polvo del cielorraso de la clandestinidad
    y la caída de la espalda de la noche,
    la memoria vuelve los ornamentos del pasado,
    un espejismo de inútiles huesos rojos,
    apilados sobre los volquetes de la codicia.

    Nadie recordará nada, cuando nada quede por recordar.

  5. Ale
    junio 28, 2008 a las 2:42 pm

    Confieso que después de haber visitado por primera vez este blog, de puro curiosa que soy, me causó tanta gracia su short story de la Estela del vestido rojo que he vuelto a pasar viendo si me encontraba algo parecido y ahí está! la misma técnica de la sorpresa al final, o al menos eso es lo que me generó a mí. Mientras avanzaba en la lectura pensé que la trama iba por otro lado y tuve esa sensación de: pobrelachica! qué ingrato! jaja.
    Muy ingenioso, eh?.
    Y también lindo lo que transmite. Yo tampoco soy de Córdoba, pero llevo la mitad de mi vida en esta provincia y la quiero mucho. A Córdoba capital en particular, donde vivo hace sólo 4 años pero la verdad me siento como si hubiera estado siempre acá y me da mucha paz.

    Buena onda este blog!🙂

  6. junio 28, 2008 a las 9:27 pm

    Nene: Lo que mencionás es lo que me gusta de Córdoba y lo que extraño… extraño la gente… la gente que siento mía.
    Y mañana me voy a la cancha a hacerle fuerza al Lobo!!!!

    Muchas: Si, me enamoré de Córdoba, pero me di cuenta tarde…

    Walt: Muy lindo eso que escribiste. Pero triste… y no de manera melancólica. Por lo menos eso me pareció.

    Ale: Esa era la idea. Pero es verdad que Córdoba sí me dió mi primer amor. Yo también tengo mi pedacito de alma cordobesa…
    Besos!

    Gracias a todos por los comentarios lindos… Abrazo de oso panda para ustedes!

  7. junio 28, 2008 a las 11:57 pm

    Mauri: tengo dos versiones de ese texto, la que aquí dejé fue la primera y surgió hace un par de años luego de un paseo por Nueva Córdoba en el que ya no pude encontrar aquellos umbrales en los que pasé frías tardes de otoño haciendo croquis para la F.A.U (por ese entonces todavía no existía Diseño Industrial).
    La segunda versión resultó una adaptación de ésta luego de conocer Miramar, a orillas del Mar de Ansenuza (prefiero este nombre al poco poético y mezquino de Mar Chiquita):

    Qué se escurre entre los escombros de esta ciudad,
    que no es urgencia para las alas que los anidan.
    Entre las ondas salitrosas que devoran el horizonte
    y la caída de la espalda de la noche,
    El silencio vuelve los ornamentos del pasado,
    un espejismo de inútiles huesos rojos…

    Alguien recordará algo, cuando algo quede por contar.

    Creo que esta versión es un poco más optimista, me impactó muchísimo el acto heróico de los habitantes, que decidieron hundir las ruinas de su pasado esplendor turístico para construir los cimientos de un futuro (el avance de la laguna en los 80, inundó el 70% de la planta urbana, inutilizando a más de 100 hoteles y perdiendo para siempre la costanera original)

  8. junio 30, 2008 a las 10:06 am

    Walt: Mi hermana te leyó y dice que le gustó mucho. Sobre todo el primero que escribiste, el de Nueva Córdoba.
    Abrazo.

  9. junio 30, 2008 a las 10:18 am

    El texto es sencillamente precioso (confieso una lagrimita a punto de salir, toy sensible). Guardalo por si acasao alguna vez tenes que recuperar una ex. Le cambiás un par de palabritas y sale. Me gusto mucho tu blog, buena onda

  10. junio 30, 2008 a las 11:57 am

    Merengada: Muchas gracias por lo que decís. Y sí, la verdad que ahora que lo releo podría servir para una ex, je.
    Beso!

  11. Clota
    julio 2, 2008 a las 12:32 pm

    Igual que Ale… volvi despues de leer el relato de la chica de rojo.
    Paso cada vez q puedo, hermoso tu blog, tu forma de escribir…
    Es como esas peliculas que apenas las terminas de ver, tenes ganas de verla de nuevo inmediatamente.

    Y pensar que uno va por éstas calles pensando en otras cosas, sin valorar el suelo que pisa.. Gracias Mauri.

  12. julio 2, 2008 a las 12:55 pm

    Clota: Gracias por la comparación… una de las cosas mas lindas que me han dicho.
    La frase “uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde” es tan trillada pero tan cierta…
    Beso!

  13. Clota
    julio 6, 2008 a las 1:47 am

    Solia ir a escuchar, mientras tomaba algunas cosita con amigas,
    “El Caldero de los cuenteros” es un espacio que necesita de lo que escribis!
    fuiste alguna vez?

  14. julio 7, 2008 a las 4:42 pm

    Nop, no lo conozco. Me decís dónde queda? La próxima vez que vaya a Córdoba me tomo mi tiempo y le pego una visita.
    Beso! Gracias por seguir pasando

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